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noviembre 2022

El tsunami demográfico presiona las cuentas de las pensiones

Fuente: cincodias.elpais.com
Autor: Jose Antonio Vega

Las estimaciones recientes de población exigen una revisión continua de ingresos y gastos de la Seguridad Social, aunque se alcance el pleno empleo

En España la gente envejece y lo hace con una intensidad creciente, con una longevidad puntera en el mundo reflejada en las más de 14.000 personas centenarias ahora, pese a la severa guadaña del Covid con los más ancianos, y que dentro de 50 años puede superar las 226.000, entre las que puede estar usted. Ese es el escenario central que pintan las últimas proyecciones demográficas elaboradas por Estadística con la ayuda de decenas de demógrafos.

Ese colectivo de agraciados por la mejora de la esperanza de vida es solo la punta anecdótica del envejecimiento que ha experimentado el país en los lustros pasados y que ganará intensidad en los venideros. La cuestión es si con una esperanza de vida media de 85 años para los hombres y 89 para las mujeres... en el ecuador del siglo ¿habrá recursos para atender sus necesidades de servicios sanitarios, de cuidados y de renta como pasivos?. Los hombres serán pensionistas en 2050 durante 22 años (tres más que ahora), y las mujeres, durante 25,5 (dos y medio más que ahora), pequeños detalles que encarecerán exponencialmente la factura.

¿Habrá entonces una estructura productiva robusta para costear prestaciones con capacidad económica similar a la actual? ¿Habrá suficientes cotizantes y productividad suficiente en sus empleos para soportar la montaña creciente de gasto en pensiones? ¿Son los gestores de lo público conscientes de lo que se viene encima y disponen de convicción bastante para anticipar decisiones, o, con el habitual made in Spain, los arrollarán las circunstancias e improvisarán suturas temporales?

El INE proyecta que la población residente dentro de 15 años habrá ascendido en más de cuatro millones de moradores y superará los 51 millones, que se acercarán a los 53 millones en la mitad del siglo y se estabilizará después (a la proyección de Estadística le alcanza la vista hasta 2072). Pero concluye que, con una fecundidad media estancada en 1,27 hijos por mujer durante todo el periodo, las defunciones superarán a los nacimientos en todos y cada uno de los años, (en algunos incluso los duplicarían), lo que llevará la población nativa (nacidos en España) a descender hasta los 33,6 millones de moradores en 50 años.

Hay cálculos que dan por descontado el pleno empleo, incluso aunque la variable migratoria dispare las proyecciones demográficas. En todo caso, nadie sabe cuántos inmigrantes llegarán ni cuántos dejarán el país, puesto que el comportamiento de los movimientos migratorios lo condicionan múltiples circunstancias, y de forma especial el crecimiento de las economías, tanto de las emisoras de población como de las receptoras, algo sobre lo que es complicado poner números. Se antoja aventurado, en todo caso, fijar llegadas de casi un millón de personas durante cada uno de los diez próximos años (un 63% más que en los diez últimos), que arrojaría un saldo migratorio favorable de cerca de medio millón de ciudadanos cada ejercicio de los diez próximos (un 82% más que en cada uno de los diez últimos).

Pero dando por buenas las cifras de residentes en el país estimadas por Estadística, y que la población llegada de fuera se adapte a las necesidades del mercado de trabajo, hay que mirar dos veces la estructura de edades de tales moradores. Las personas potencialmente activas, las que estuviesen entre los 20 y los 65 años, que ahora representan el 60,7% del total, pasarán a suponer el 53% en solo 30 años (2050), con un grave desequilibrio respecto a la masa pasiva, la que representan los jubilados y los jóvenes de hasta 16 años.

Una muy buena parte de los jóvenes está en formación y debe considerarse pasiva, y empeora la tasa de dependencia, entendida como la relación porcentual de pasivos sobre los activos, que no evoluciona precisamente a favor por el envejecimiento natural. Hoy ya el colectivo de españoles en edad de retiro supone el 30% de los que tienen entre 16 y 64 años, un porcentaje que llegará al 41% en 2036 y superará el 53% mediado el siglo. Esa dramática tasa de dependencia se incrementaría en 20 puntos si añadimos al colectivo de mayores el de menores de 16 años.

En definitiva, población hay, pero la estructura de edades es tan endemoniadamente envejecida que cuesta creer que haya fortaleza suficiente entre los activos para sustentar a los pasivos. Los gestores de las pensiones públicas admiten que habrá un vertiginoso avance de las altas de pensiones de jubilación, con cifras que superan las 525.000 en 2040, pero que cederán después, para superar en poco las 300.000 solo diez años más tarde. Lo que no dice es si tal alivio compensará financieramente el déficit de cotizantes, que estarán numéricamente a la par con los perceptores de pensión en tales fechas, y de cotizaciones, ya que la pérdida de productividad de los últimos años alerta del riesgo de aportaciones menguantes en términos reales.

Unos perceptores, que, además, lo serán durante unos cuantos años más por la creciente esperanza de vida que llevará a muchos a cobrar durante más años de los que han pagado. Las estimaciones de la Seguridad Social, medioplacistas en el mejor de los casos, cuadran mal con las que esboza Estadística, pero unas y otras están sujetas a una variabilidad que impone su revisión continua.

El gasto en pensiones para 2023 se acerca a 200.000 millones de euros, con un avance de más del 9%, cuando aún no ha explotado la espita que dé acceso a las cohortes del baby boom al retiro. Decisiones legales poco racionales están estirando el gasto más allá de lo conveniente, y cuesta imaginar que, en quince años, hasta donde la visibilidad alcanza, si no se refuerzan los ingresos y se ajusta de gasto, pueda mantenerse la viabilidad de la caja. De más allá no hablamos, pero deberán forzarse más aportaciones y prestaciones, crecientes las primeras, y menguantes las segundas.

Primeros auxilios para personas con diabetes

Fuente: Pacific Medical Training - https://svca.mx

Se estima que la diabetes afecta al 9.3% de la población mundial. Solo en los EE. UU, se reportaron 17 millones de emergencias diabéticas. Es por esto, que a medida que la afección continúa en aumento también aumentan las probabilidades de brindar primeros auxilios a un diabético.

Entendiendo la diabetes

Los proveedores de primeros auxilios deben tomar decisiones importantes antes de brindar atención a una persona con diabetes. La mejor manera de manejar eficazmente una emergencia en un paciente diabético es a través de la comprensión de los mecanismos fisiopatológicos detrás de la enfermedad.

Cada célula del cuerpo requiere glucosa para generar energía. En el caso de los diabéticos, a pesar de que necesitan glucosa, tienen una incapacidad para procesarla o metabolizarla de una manera eficiente debido a que el páncreas produce poca insulina o ninguna, es por esto, que la glucosa suele acumularse en niveles bastante altos. Un páncreas saludable se encarga de regular la producción de insulina con relación a la cantidad de glucosa en la sangre.

Clasificación de la diabetes

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune y es causada por una deficiencia absoluta de la secreción de insulina. Comúnmente se manifiesta en niños y adultos jóvenes que normalmente son tratados con inyecciones de insulina para mejorar sus niveles de glucosa. Sin el tratamiento o dosis adecuada, una persona con este tipo de diabetes no puede procesar adecuadamente la glucosa en la sangre para obtener energía.

Debido a que a lo largo de los años, las personas con diabetes tipo 2 generan resistencia a la insulina, resultante de defectos en la secreción o acción de la insulina.

Muchas de las personas con este padecimiento mantienen una dieta con ejercicio y suelen utilizar otros medicamentos que no son insulina. Sin embargo, algunos pacientes con diabetes tipo 2 pueden requerir insulina suplementaria.

¿Qué es una emergencia diabética?

Con millones de personas utilizando insulina, la incidencia de hipoglucemia e hiperglicemia son una amenaza para la vida.

- Hipoglucemia: Disminución de los niveles de glucosa en sangre
- Hiperglicemia: Aumento de los niveles de glucosa en sangre

Saber diferenciar los signos y síntomas entre hipoglicemia e hiperglicemia ayuda a disminuir los desafíos para determinar si los niveles de azúcar en sangre de un paciente se encuentran disminuidos o elevados.

HIPOGLUCEMIA

La hipoglucemia ocurre más rápido que la hiperglucemia y se define como una caída en los niveles de glucosa en sangre por debajo de 70 mg/dL 3,9 mmol/L. A veces, los niveles de glucosa tienden a disminuir hasta tal punto que el cerebro carece de glucosa vital, lo que provoca un deterioro del estado de alerta, deterioro neurológico e incluso la muerte. Según Informe Nacional de Estadísticas de Diabetes 2020. En 2016, se informaron un total de 16 millones de visitas al departamento de emergencias (ED) con diabetes como cualquiera de las enumeradas diagnóstico entre adultos de 18 años o más de los cuales 224.000 por crisis hiperglucémica (9,7 por 1.000 adultos con diabetes) y 235.000 por hipoglucemia (10,2 por 1.000 adultos con diabetes).

Causas de hipoglucemia:

• Mal control o apego inadecuado a sus medicamentos.
• Mala alimentación o carencia de una dieta nutritiva.
• Aumento en los niveles de actividad física sin considerar el aumento de la demanda de calorías.
• Aumento en las demandas de energía por fatiga o frío.

Signos y síntomas:

• Piel pálida y húmeda
• Respiración rápida y débil
• Taquicardia o pulso rápido
• Debilidad
• Dolor de cabeza
• Confusión o letargia
• El paciente puede parecer intoxicado

HIPERGLUCEMIA

Cetoacidosis diabética

La cetoacidosis diabética (CAD) es una afección grave que resulta en hiperglucemia (aumento en los niveles de glucosa por encima de 130 mg/dL o 7.2 mmol/L). Los expertos aconsejan verificar la presencia de cetonas en orina si la glucosa en sangre es superior a 240 mg/dl o 13.3 mmol/L. Si no se trata, puede ocasionar un coma o la muerte.

En la CAD, el cuerpo utiliza la grasa como combustible, como si estuviese un estado de ayuno y cuando no hay glucosa disponible, el cuerpo descompone la grasa para usarla como energía, lo que produce cetonas. Esto sucede cuando el cuerpo no tiene suficiente insulina para generar que la glucosa esté disponible para proveer energía para las células.

Causas del aumento de cetonas:

• Deficiencia de insulina o mal apego al tratamiento.
• Enfermedades como deshidratación, vómitos, infección o fiebre alta.
• Ciertos medicamentos, como los esteroides.
La CAD suele progresar rápidamente, en un periodo de 24 horas; y suelen presentarse síntomas como hiperventilación, dolor abdominal.
Síntomas y signos de alarma:
• Sequedad oral
• Sed
• Micción frecuente
• Aumento de la glucosa en sangre (350-500 mg/dL, generalmente menor a 800mg/dL)
• Cetonuria
Signos y síntomas progresivos:
• Piel seca o enrojecida
• Fatiga
• Dolor abdominal
• Náuseas y vómitos
• Dificultad respiratoria
• Aliento cetónico o con olor afrutado
• Confusión

Estado Hiperosmolar Hiperglucémico (EHH)

El estado hiperosmolar hiperglucémico (EHH) es una emergencia potencialmente mortal en pacientes con diabetes. En el EHH a diferencia de la CAD, la glucosa en sangre es extremadamente alta sin la presencia de cetonas. En algunos casos se puede producir acumulación de cetonas, pero suele ser leve.

El EHH es una alteración metabólica que puede ser causada por padecimientos graves como un paro cardíaco o un accidente cerebrovascular, medicamentos que afectan los niveles de insulina como los glucocorticoides, diuréticos o antipsicóticos atípicos, infecciones y afecciones que aumentan la pérdida de líquidos. Esta pérdida de líquido hace que la sangre se concentre más de lo normal y debido a que la sangre tiene concentraciones elevadas de sodio, glucosa y otros componentes, el líquido se fuga de los órganos vitales, incluido el cerebro.

Signos y síntomas iniciales:

• Poliuria y polidipsia
• Boca seca
• Náusea
• Fiebre
• Pérdida de peso
Signos y síntomas progresivos (la afección puede progresar durante días o incluso semanas):
• Convulsiones
• Confusión
• Discapacidad del habla
• Pérdida de la función muscular.
• Problemas con el movimiento.
• Coma

Reconocimiento y acción

Saber si una persona tiene diabetes es crucial al brindar primeros auxilios. A menudo, estos pacientes usan o llevan una identificación, como un brazalete, para alertar a los paramédicos o al personal de salud de su condición. Además, algunos diabéticos suele tener tabletas con glucosa, algún alimento, etc.

Al enfrentarse a un escenario de este tipo, es necesario identificar y deducir un plan de acción de primeros auxilios. Si el paciente está consciente, puede preguntar lo siguiente:

• ¿Has comido recientemente, si es así qué?
• ¿Has estado activo?
• ¿Cuándo fue su última dosis de insulina?
• ¿Has tomado alguna medicación hoy?
• ¿Tienes un medicamento nuevo?
• ¿Tienes un glucómetro? Si es así, proporcione su glucómetro a algún voluntario para controlar su glucosa en sangre.

Si la persona ya ingirió alimento, pero no ha tomado su medicamento, es probable que la causa sea la hiperglicemia.

En caso de que no haya comido pero tomó su medicamento, puede tratarse de hipoglucemia.

La hipoglucemia es más frecuente que la hiperglucemia debido a que el cuerpo quema energía constantemente genera mayor susceptibilidad de desarrollar hipoglucemia. Las personas que aún no han sido diagnosticadas de diabetes son más propensas a desarrollar hiperglicemia debido a que no son conscientes de su padecimiento, no llevan una medición constante de sus niveles de glucosa ni se encuentran bajo tratamiento.

Hipoglucemia

El pronóstico de la hipoglucemia depende de la causa, la gravedad y la duración.
El pronóstico suele ser favorable si se identifica y trata a tiempo pero si no se trata de manera temprana y oportuna puede provocar convulsiones o pérdida del conocimiento.

Si la persona está consciente, ofrézcale azúcares simples. Si la persona está inconsciente no dé alimentos, líquidos, ni ponga las manos en la boca.

Pasos por seguir en caso de que una persona consciente presente hipoglucemia:

• No dar insulina; esto exacerbará la hipoglucemia.
• Dar 15–20 gramos de carbohidratos simples, ya sea azúcar o glucosa.
• De ser posible, controlar la glucosa en sangre después de 15 minutos.
• Repita si la glucosa en sangre es menor a 70mg/dL.
• Una vez que los niveles de glucosa en sangre se normalicen, proporcionar un poco de alimento.
Ejemplos de 15 gramos de azúcar simple:
• Glucosa en gel o en tabletas
• 1 cucharada de azúcar de caña o miel
• 2 cucharadas de pasas
• Caramelos, chicles azucarados o gominolas (ver paquete)
• 1/2 taza, o 4 onzas de zumo o un refresco no dietético

Algunas personas pueden tener un kit de glucagón proporcionado por su médico para emergencias hipoglucémicas. El glucagón es una hormona que provoca que el hígado libere glucosa almacenada hacia el torrente sanguíneo cuando los niveles de glucosa en sangre son demasiado bajos. En caso de necesitarlo, siga las instrucciones del fabricante de su kit.
Cetoacidosis Diabética (CAD) y Estado Hiperosmolar Hiperglucémico (EHH)
El manejo para la CAD y el EHH requiere de asistencia médica urgente.

En una emergencia, es importante responder rápidamente con el siguiente plan de acción de emergencia:

1.
Mantenga la calma
2. Evalúe la escena y al paciente.
3. Notifique a los servicios de urgencias si una persona está inconsciente o no responde.
4. Siga el procedimiento de primeros auxilios; si no responde, evalúe la circulación, las vías respiratorias y la respiración (C-A-B)
5. Si la persona está inconsciente, pero respira y no tiene alguna otra condición potencialmente mortal, , colóquela en posición de recuperación.
6. Si está inconsciente y muestra una condición mortal, colóquelo en posición supina, horizontalmente sobre su espalda en una superficie plana y realice RCP.

Signos y síntomas de la HIPERglucemia

Antecedentes:
Consumo d alimentos con alto contenido en azúcar, exceso en el consumo de alimentos, perdió sus medicamentos o no sigue el tratamiento
Comienzo: Gradual, lento
Signos y síntomas: Sed, náuseas, sintomas de deshidratación, micción excesiva, posible dolor abdominal, boca seca.
Respuesta: Agresiva e inquieta con una pérdida gradual de la conciencia
Respiración: Respiraciones rápidas y profundas, aliento cetónico
Circulación: Taquicardia, pulso débil rápido, piel seca y cálida
Tratamiento: Si la persona está consciente y coopera, mida la glucosa en sangre y proporcione medicamento. Llame a los servicios de urgencias en caso de que el paciente no coopere o si está inconsciente. Nunca inyecte insulina ya que podría matar fácilmente a alguien.

Signos y Síntomas de la HIPOglucemia

Antecedentes: Ayuno prolongado o déficit calórico, altos niveles de actividad física, uso de múltiples medicamentos
Comienzo: Rápido
Signos y Síntomas: Hambre, debilidad, dolor de cabeza, temblor, entumecimiento en manos y pies, marcha inestable
Respuesta: irritabilidad, confusión, somnolencia, agresividad, inquietud
Respiración: normal a rápido, inodoro
Circulación: Pulso ruido y débil, piel pálida y húmeda
Tratamiento: Puede que algunas personas tengan una fuente para obtener azúcar que puede administrase vía oral o tragarse. No inserte sus dedos en la boca del paciente. Considere usar un depresor de la lengua, bolígrafo un otro objeto siempre que no represente riesgo de asfixia. Si la persona está inconsciente, llame a urgencias.

Botiquines de primeros auxilios

Vale la pena poner una fuente de glucosa en su botiquín de primeros auxilios
, especialmente si trabaja con una persona con diabetes o en un trabajo físicamente exigente, ya que la hipoglucemia puede ocurrir incluso si una persona no tiene diabetes. Sentirse débil, fatigado, enojado y hambriento ocurre cuando los niveles de azúcar en la sangre disminuyen.

De hecho, como la hipoglucemia es tan común y fácil de diagnosticar, la hipoglucemia debería ser la primera posibilidad por determinar en cualquier persona que esté desorientada.

El abandono de ancianos en los hospitales canarios: grave problema y vergüenza social

Fuente:diariodeavisos.elespanol.com
Autor: Juan Jesús Gutiérrez

El consejero de Sanidad, Blas Trujillo, denuncia que hay 330 mayores ingresados en los centros hospitalarios de las Islas pese a tener alta médica, “lo que condiciona de manera clara la actividad asistencial”

Lamentablemente no es un problema nuevo, pero es muy triste que cada cierto tiempo salga a la luz la situación de ancianos abandonados en los hospitales de las Islas.

Según los datos de la Consejería de Sanidad, unas 330 personas mayores permanecen viviendo en camas hospitalarias por el abandono familiar ante su incapacidad de hacerse cargo de su atención en sus domicilios, la ausencia de plazas residenciales o los retrasos en la gestión de la Dependencia. Se dan casos en que el responsable de su curatela es el propio Gobierno. Incluso para la propia administración, el traslado de estas personas a un centro sociosanitario “es complejo”. El déficit de 8.000 plazas residenciales empeora la situación.

Para el consejero de Sanidad del Ejecutivo autonómico, Blas Trujillo, son pacientes que han recibido el alta médica pero continúan en su cama hospitalaria, “lo que además condiciona de manera clara toda la actividad asistencial”, destacó. Evidentemente, un hospital del Servicio Canario de Salud no es un hospital de pacientes crónicos, sino de atención de los casos agudos para los que fueron concebidos.

En este sentido, Trujillo aclaró que “estamos haciendo un esfuerzo increíble, como nunca, para bajar las listas de espera y luego nos encontramos con determinadas ocupaciones de plazas por parte de personas que no tendrían que estar ocupando esos recursos en principio, por ellas mismas, pues deberían estar en otros espacios para recibir la atención que les corresponda”, lamentó.

Aunque el asunto “es complejo se ha conseguido desplazar a los recursos adecuados a unas 200 personas, pero esto es un entrar y salir continuo”.

Reconoció que “la casuística es tremendamente variada y compleja”, pues hay casos de personas de mucha edad “que si retornan a su domicilio deberían estar al cuidado de otras personas que tienen aún más edad o que tienen tantos problemas como ellos”.

También hay casos de personas “que están tramitando la dependencia o incluso que están inmersas en procesos judiciales”, por tanto, es una “realidad muy compleja” en la que desde la parte sanitaria “estamos intentando aportar lo que podemos”, pues “es el ámbito sociosanitario el que tiene que dar respuesta a una realidad que condiciona de manera notable la actividad asistencial”, apuntilló.

Blas Trujillo reconoció que esta situación no es nueva, pues “en la década de los 80 del siglo XX, cuando era miembro de la comisión provincial del Insalud, ya existía este mismo problema”.

La preocupación de los responsables sanitarios es que en el próximo “pico de demanda” los hospitales se vieran “en situación difícil”, como previsiblemente ocurrirá con la gripe, y se produzca el colapso en determinados servicios sanitarios como urgencias, con pacientes en los pasillos sin poder subir a planta. “Los recursos tienen unos ciertos límites”, al tiempo que incidió en que Sanidad está haciendo “todo lo posible por incrementar la oferta” asistencial.

La Fiscal General de Mayores del Gobierno de Canarias, Rosa Rubio, lamentó que “es muy preocupante, existe una carencia enorme de recursos que es necesario gestionarlos adecuadamente”. Entiende que se precisa la “indispensable coordinación entre las consejerías de Asuntos Sociales y Sanidad, que son las responsables”, mientras coincidió en que estas personas “requieren de una asistencia sociosanitaria, no estar encamados permanentemente”. “Necesitan tener relación con otras personas en el centro, recibir una estimulación cognitiva adecuada, una rehabilitación que va más allá de la salud física”.

En declaraciones a Televisión Canaria, no quiso “criminalizar a las familias” por esta situación ya que en la mayor parte de casos, “tienen voluntad de ayuda” y lo que necesitan es que “desde la Administración les ayudemos en ese proceso de cuidado las 24 horas a su familia o persona querida en su casa o entorno”. Sin ayuda, “las familias se ven obligadas a abandonarlas al no disponer de recursos”.

Cuando acontece el alta sanitaria pero no se produce su salida del hospital, los centros sanitarios contactan con los servicios sociales de la Comunidad para que arranque el protocolo. El afectado queda “en una especie de limbo” hasta que haya una plaza disponible en una residencia, de competencia insular. Mientras tanto, serán trasladados a una “planta de baja demanda” donde apenas recibirán visitas y alguno fallecerá.

Cohousing senior, independencia y seguridad frente al envejecimiento

Fuente: diario.madrid.es - Redacción Cibeles

Nació hace más de seis décadas en Dinamarca y es un antídoto frente al deterioro cognitivo, la soledad no deseada y el aislamiento.

Esta fórmula permite contar con vivienda propia, pero compartiendo servicios básicos con los otros vecinos que están en la misma situación

El Ayuntamiento de Madrid sacará a concurso tres parcelas en Hortaleza, Ciudad Lineal y Usera donde construir 300 viviendas en esta modalidad

Dónde y cómo envejecer.

Esa es una pregunta que consciente o inconscientemente se hacen muchas personas una vez traspasada la frontera de los 60 o los 65. Es la próxima página en su vida y es inevitable plantearse cómo escribirla. A las alternativas habituales -seguir en su entorno si se está bien; encontrar refugio en casa de los hijos o trasladarse a una residencia- se suma ahora una fórmula, el cohousing o covivienda.

El Ayuntamiento, a través de las áreas de Familias, Igualdad y Bienestar, y de Desarrollo Urbano, ya ha puesto en marcha el primer proyecto con 300 viviendas para personas mayores y, antes de que finalice el año, sacará el concurso para la cesión de tres parcelas en Hortaleza, Ciudad Lineal y Usera para su construcción. De esta forma se inicia un camino que busca, en palabras de Mariano Fuentes, delegado de Desarrollo Urbano, “lograr que este Ayuntamiento sea un referente de bienestar para personas mayores en toda España”. Te contamos en qué consiste.

Cohousing, también traducido como covivienda o vivienda colaborativa, es una fórmula nacida hace más de seis décadas en Dinamarca, que poco a poco se extendió por otros países, primero del entorno, luego incluso de otro continente, como Uruguay. Es decir, es un término con recorrido y, en caso del cohousing senior, se vislumbra como una herramienta clave para envejecer manteniendo la independencia y sin vaciarse de lo que nos ha acompañado a lo largo de la vida porque sea imposible meterlo en una habitación. ¿Por qué? Simplemente porque es una fórmula que permite contar con vivienda propia, pero compartiendo servicios básicos con los otros vecinos que están en la misma situación. La atención y la cobertura de las necesidades básicas están así garantizadas y son un antídoto frente al deterioro cognitivo, la soledad no deseada y el aislamiento.

Repensar las residencias y buscar nuevas fórmulas

Pepe Aniorte,
delegado de Familias, Igualdad y Bienestar Social, lo explicaba durante la Jornada de Alternativas Habitacionales y Cohousing Senior que recientemente ha organizado el Ayuntamiento: “La sociedad cambia y evoluciona en todos los ámbitos. También para las personas mayores, que ya no viven su vejez como se vivía hace unas décadas”.

Por ese motivo apuntó la necesidad de “repensar el modelo de residencias tal y como las hemos conocido durante mucho tiempo” y de buscar nuevas fórmulas habitacionales que garanticen a estas personas “su libertad e independencia para vivir con plenitud una de las etapas más bonitas de la vida, en lugares donde puedan, en la medida de sus posibilidades, disfrutar de las opciones que ofrece la ciudad”.

Hortaleza, Ciudad Lineal y Usera, distritos pioneros

Para poner en marcha este nuevo modelo de viviendas, desde el Área de Desarrollo Urbano se va a lanzar un concurso de cesión de tres parcelas dotacionales, situadas en tres barrios de otros tantos distritos de Madrid. La primera en Orcasitas, en Usera, sobre una parcela de 6.000 m2; la segunda en el barrio de Ascao, en Ciudad Lineal, sobre una superficie de 4.400 m2 y una tercera en el barrio de Canillas, en Hortaleza, sobre una parcela de 5.000 m2. En total, las tres parcelas tendrán capacidad para cerca de 300 viviendas, en proyectos gestionados en régimen de cooperativa.

En la selección de las parcelas, según explicó Mariano Fuentes, el Ayuntamiento ha tenido en cuenta “que la superficie fuera aproximada a 4.000 m2, localizadas en entornos urbanos consolidados y en los que no haya déficits dotacionales o existan otras parcelas municipales vacantes y con proximidad al transporte público”. Además, añadió “estas viviendas colaborativas tienen que adecuarse a las tipologías edificatorias del entorno”.

En lo que respecta a las instalaciones contarán con todos los servicios necesarios para mejorar la calidad de vida de estas personas y zonas comunes que cubran sus necesidades de relaciones y de ocio, al tiempo que ponen a su disposición recursos sanitarios de apoyo.

Oficina de Apoyo al Cohousing Senior

Un elemento clave para el desarrollo de este nuevo modelo en Madrid, es la apertura, a comienzos del próximo año, de una Oficina de Apoyo al Cohousing Senior que servirá para orientar y guiar a todos los ciudadanos o cooperativas interesadas en crear viviendas en esta modalidad colaborativa para personas mayores. Una oficina que, como señaló Aniorte, servirá además de ‘escucha’ a las ideas y proyectos de la ciudadanía.

Mientras tanto el Ayuntamiento prosigue aumentando fondos y creando nuevos programas para promover el envejecimiento activo y atender a las necesidades de este colectivo. Por ejemplo, se ha multiplicado por seis el presupuesto del programa ‘Cuidar a quienes cuidan’, un programa de apoyo a las familias cuidadoras que ha supuesto más de 12.000 visitas a domicilio y 1.500 talleres formativos, terapéuticos o antiestrés; se ha puesto en marcha el programa ‘Madrid te acompaña’, a través de una app, y lanzado la nueva Ordenanza del Servicio de Ayuda a Domicilio, entre otras acciones.

El reto geriátrico: edad física frente a edad cronológica

Fuente:www.diariodeleon.es
Autora: Carmen Tapia


Geriatras de Asturias y CyL abordarán en León los retos para afrontar el envejecimiento

Las agendas de las especialidades médicas de los hospitales se llenan cada vez más de personas con más edad. El servicio de Geriatría de Hospital de León evalúa cada vez a un mayor número de pacientes derivados de otras consultas para determinar si, pese a la edad cronológica, pueden ser candidatos de beneficiarse de tratamientos que, por el supuesto declive físico por edad, no podrían soportar.

Además de la atención directa de los pacientes, los geriatras hacen cada vez más evaluaciones de pacientes para saber qué grado de vejez tienen, es decir, si su edad física corresponde con su edad cronológica. El reto de la Geriatría es valorar y analizar el estado de salud para que la edad cronológica no signifique una etiqueta universal para todos los pacientes.

El abordaje de los pacientes mayores centrará la segunda reunión conjunta de las sociedades de Geriatría y Gerontología del Principado de Asturias y Castilla y León, el 35º Congreso de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Castilla y León y el 11º Congreso de la Sociedad de Geriatría y Gerontología del Principado de Asturias que se celebró en el Hospital de León los días 14 y 15 de octubre y que fue inaugurado por el consejero de Sanidad, Alejandro Vázquez.

Más de ochenta profesionales compartirán durante dos días experiencias y conclusiones sobre los principales retos del abordaje del envejecimiento, como son las caídas, la nutrición y la sarcopenia, la osteoporosis, el protocolo de manejo en unidades de ortogeriatría, las sujeciones en los centros sociosanitarios, las contenciones, la perspectiva jurídica de los medios de contención físicos y químicos en los centros sanitarios y sociosanitarios, la mejora funcional como objetivo principal en el tratamiento del paciente mayor con insuficiencia cardiaca, actualización del manejo terapéutico del paciente mayor con síndrome coronario agudo, anticoagulación y manejo de las valvulopatías.

Una de las mesas multidisciplinales abordará el debate suscitado tras la aprobación en el BOE sobre las recomendaciones de las sujeciones físicas y químicas de los mayores en los centros sociosanitarios. Juristas, representantes de mayores y de las residencias debatirán sobre los criterios, los ratios y el personal necesario «para la dignidad de los pacientes».

Las Caídas

«Las caídas son un signo gatillo para cualquier evento de salud que puede estar ocurriendo. No es verdad que la edad sea un motivo de caídas o de pérdida de equilibro. Los geriatras siempre preguntamos en las consultas porque hay pacientes y familiares que no lo refieren, pero es importante valorarlo para saber qué está pasando». Encarnación Martín es geriatra del Hospital de León y una de las vocales organizadoras del congreso, cuyo presidente es Javier Pérez-Jara Carrera, geriatra del Hospital El Bierzo.

«Para una persona mayor de 80 años una caída tiene una gran repercusión, sin embargo ni el afectado ni la familia suele considerarlo importante porque cree es normal, por la edad. No es así. El porcentaje de mayores que se caen depende mucho del entorno en el que viven y el grado de independencia que tienen, tanto física como psíquica. En los pacientes independientes no llega al 20% pero en los dependientes puede superar el 60%».

Una caída puede esconder un problema de salud de base que hay que detectar cuanto antes tanto a nivel neurológico, por interacción de fármacos o por cualquier otra enfermedad. «En muchas de ellas podemos intervenir para prevenirlas».

La osteoporosis, por ejemplo, suele detectarse tras una caída. «Cuando una persona se cae y se rompe la cadena, en la mayoría de los casos detectamos una osteoporosis, pero ya hemos llegado tarde», destaca Martín.

Las consultas de geriatría del Hospital de León atienden una media de 40 pacientes diarios, un servicio con tres especialistas. «Hay pocos geriatras para el perfil de la población que necesita atención especializada».

En el año 2040, España será el país más longevo del mundo y la técnica que permite revertir el envejecimiento ya está en nuestras manos, según un informe de Universidad de Washington. «El envejecimiento progresivo afecta a diferentes áreas del paciente, con lo cual, la valoración tiene que ser aún mayor. El paciente mayor tiene que ser valorado de una forma diferente, con una valoración integral que detecte en qué momento está de fragilidad».

La geriatra Encarnación Martín destaca que el envejecimiento de la población obliga a los especialistas a actualizar los planteamientos de diagnóstico de enfermedad «porque tenemos que ser capaces de prevenir la fragilidad, anticiparnos a que pueda ocurrir, y eso sólo se consigue cuando todavía no ha ocurrido. Las enfermedades no se manifiestan de la misma manera cuando un paciente en joven que cuando es mayor».

La edad cronológica de 75 años es la que establece el consenso para empezar a valorar posibles deterioros. «Pero la edad física y la cronológica no tienen por qué coincidir. Todos conocemos a personas con 85 y 90 años que están muy bien y otros más jóvenes que están peor», por lo que los geriatras creen que la edad «nunca debe ser criterio para desestimar o no un determinado tratamiento o intervención quirúrgica. En países como Inglaterra el médico tiene que justificar las razones clínicas por las que decide hacer un tratamiento u otro por razones de edad».

Todo lo que le pasa a las personas mayores no puede atribuirse a la edad.
La OMS habla de «evaluación integral» de las personas a partir de los 75 años. Una evaluación al que en los dos últimos años se ha incorporado una nueva variante: las consecuencias de pandemia del coronavirus.

El confinamiento y la interrupción de las relaciones sociales para proteger a las personas más vulnerables ha hecho mella en la salud mental de las personas mayores. Aunque el congreso no abordará directamente esta problemática, la geriatra Encarnación Martín asegura que hay un alto porcentaje de nuevos pacientes que llegan a la consulta que presentan un deterioro cognitivo atribuible a el aislamiento que sufrieron los mayores. «El que estaba sano perdió toda su red de conexión social y ahora es más difícil de reiniciar y el que estaba en condiciones de actividad física y mantenimiento interrumpió todo, lo cual ha supuesto un deterioro y una vuelta atrás. De los pacientes nuevos, hay una sospecha de deterioro cognitivo aparecido a raíz de la pandemia».

El olvido de los pacientes de ictus tras salir del hospital: "El coste económico es brutal"

Fuente:elespanol.com
Autora: María P. Bonmatí

El 59% de los afectados debe afrontar el pago de tratamientos de rehabilitación cuyo coste se eleva hasta los 8.000 euros.

"Llevo toda mi vida cuidándome y, de repente, esto". "No podía creer lo que me estaba sucediendo". "Cómo me ha pasado esto a mí". "Después de 40 años trabajados, cuando toca disfrutar de la jubilación, va la vida y me da esta sorpresa". Estas son algunas de las frases con las que personas que han sufrido un ictus recuerdan el momento que cambió sus vidas.

Modificar lo que pasó es imposible, pero existen métodos de rehabilitación para devolver parte de la autonomía que el infarto cerebral les robó. "Qué le vamos a hacer, ahora toca seguir adelante con trabajo y el apoyo de la familia", dice Emilio Brea, ese hombre que, desde hace unos meses, ha tenido que cambiar su tranquila vida de jubilado por ejercicio intenso diario.

El problema, como denuncian asociaciones, es que el post ictus no cuenta con demasiada atención. "Se ha hecho un trabajo maravilloso para que la gente sepa reconocer sus síntomas, pero poco se habla de lo que ocurre después", clama Ana Cabellos, la presidenta de la Federación Española de Daño Cerebral (FEDACE), que además denuncia la desigualdad territorial, las dificultades de acceso a un tratamiento de rehabilitación y el elevadísimo coste que estos suponen en un centro privado.

Un ictus se produce a consecuencia de la alteración del flujo sanguíneo que llega al cerebro. Según detalla la Sociedad Española de Neurología (SEN), en más del 80% de los pacientes, la causa está en la obstrucción de algunos de los vasos que suministran sangre al cerebro, generalmente, por un coágulo (ictus isquémico). No obstante, también puede darse por la rotura de algunos de los vasos. En este caso, se hablaría de ictus hemorrágico.

La pastilla post ictus

"Recuerdo perfectamente cuando me pasó. Fue el 25 de enero. Ese día, me cambió la vida", relata Leticia La Chica, que lleva más de nueve meses luchando contra los estragos que le causó la enfermedad. En su caso, le afectó al lado derecho del cerebro, por lo que sufrió daños en la movilidad del lado izquierdo. "Esto se debe a que el cerebro está compuesto por dos hemisferios y cada uno controla el lado opuesto del cuerpo", explica José López, cofundador y director técnico del Centro Europeo de Neurociencias (CEN), donde trabajan con rehabilitación intensiva para pacientes con daño cerebral.

Además, el equilibrio de Leticia quedó tocado, una secuela muy habitual en los supervivientes de un infarto cerebral. "Imagínate lo que es el miedo de ir andando por tu propia casa con la sensación constante de que te vas a caer", ilustra. El ictus la dejó postrada en una silla de ruedas. Aun así, es de las afortunadas. Alrededor de 110.000 personas sufren un infarto cerebral en España cada año, un 15% fallece; más de 16.500 personas. Con esas cifras, se convierte en la primera causa de mortalidad en las mujeres, la segunda en hombres y el primer motivo de discapacidad en España.

Leticia es, además, afortunada por dos partes. La silla de ruedas es cosa del pasado. Ha vuelto a caminar. Lo hace muy despacito, acompañada de alguien que le coge el brazo, pero muy contenta y feliz. Se ha podido poner en pie gracias al trabajo de rehabilitación intensivo que realiza desde hace un mes, en el que trabaja cuatro horas diarias —antes cinco— distintos aspectos para recuperar el movimiento de su lado izquierdo del cuerpo. "He trabajado mucho, pero es que curarse de un ictus no es tomar una pastillita, es trabajar en rehabilitación".

La mujer acaba de dar con el punto que completa lo que podría denominarse la tríada del infarto cerebral, la rehabilitación. La prevención y la atención temprana son los otros dos. "Un trabajo de rehabilitación nunca va a poder recuperar el 100% biológico, pero sí que puede ayudar a devolver a la persona gran parte de su autonomía", detalla Cristina Vázquez, cofundadora y coordinadora de CEN. "Decimos que es intensivo porque hacemos sesiones desde tres hasta seis horas diarias con los pacientes para avanzar lo máximo posible en su recuperación, ya que los primeros meses son fundamentales", prosigue.

El ictus es la lesión cerebral adquirida más frecuente. "Lo que vemos en estos últimos años es que los casos de lesión cerebral de ictus están aumentando, mientras que los de traumatismos están disminuyendo", corrobora López. Los datos de la SEN dan fe de estas palabras. En la próxima década se estima que los casos de ictus aumentarán un 34%.

La explicación está, en parte, en la edad, ya que es una enfermedad ligada a personas mayores. Se calcula que dos tercios de los ictus afectan a mayores de 65. Esto no quiere decir que no afecte a gente joven.

Ante el aumento de casos, es muy importante saber que, cuando alguien salva la vida tras una lesión cerebral, debería comenzar lo antes posible la rehabilitación, que normalmente está compuesta por profesionales de las siguientes especialidades: medicina, enfermería, neuropsicología, fisioterapia, logopedia, trabajo social y terapia ocupacional. Como cada paciente es un mundo, demandará todas o algunas de ellas. Cristina Vázquez da cuenta de que, normalmente, la fisioterapia es la más habitual.

Un sistema desigual

El problema de la rehabilitación, como denuncian desde FEDACE, es que, a pesar de que es un derecho recogido en la cartera del Sistema Nacional de Salud, es una de las mayores carencias de la sanidad. "Lo que pasa con las personas con daño cerebral y sus familias es que, dependiendo de dónde hayas nacido, vas a tener una serie de recursos y a recibir una serie de atenciones que en otra comunidad autónoma no vas a poder y eso es discriminatorio", denuncia Cabellos.

Según los datos que ha facilitado la institución a este periódico, no existen unidades de neurorrehabilitación con plazas públicas o concertadas a través de la Seguridad Social en Andalucía, Principado de Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla y León, Galicia, Murcia, Ceuta y Melilla.

Una de las alternativas que tienen estas personas es solicitar plaza en el Centro de Atención Estatal al Daño Cerebral (ubicado en Madrid), pero este emplazamiento sólo ofrece servicios a personas entre 16 a 45 años. "Algunos hospitales ofrecen plazas de rehabilitación, pero no es algo protocolizado", continúa Cabellos. Además, las plazas públicas son pocas: 290 para rehabilitación ambulatoria y 81 en régimen de hospital de día (más 222 concertadas).

Hay comunidades que tienen una estructura más definida, como la Comunidad de Madrid. Según figura en su plan de atención para dichos pacientes, se contempla la integración de un programa rehabilitación en las Unidades de Ictus. Actualmente, éstas se encuentran en los hospitales de La Paz, Ramón y Cajal, La Princesa, Clínico San Carlos, Gregorio Marañón, 12 de Octubre, Puerta de Hierro, Fundación Alcorcón y Rey Juan Carlos.

El inconveniente, como señala Cabellos, es que estas unidades dependen del criterio médico: "A veces te toca y a veces no".

"Lo que estamos pidiendo es que las personas con daño cerebral adquirido necesitan una rehabilitación intensiva nada más darles el alta hospitalaria y, si no pueden accerder a ella, se la tienen que pagar por lo privado y eso es muy triste", expresa la presidenta de FEDACE.

En el mismo informe que la institución ha facilitado a este medio, se detalla que el 59% de las personas paga la rehabilitación de su bolsillo, una cifra alarmante teniendo en cuenta que acceder de forma privada tiene un coste promedio de 6.000 a 8.000 euros al mes.

Resignados a vivir así

"El coste económico para las familias es brutal.
Nosotros, además, nos tenemos que venir desde Ponferrada para hacer la rehabilitación", manifiesta Carlos Alonso, que ha decidido llevar a su familiar a CEN, que en este caso está aquejada de daño cerebral desde nacimiento, porque es el único centro de España que les ofrece una vía innovadora para mejorar su calidad de vida.

José López y Cristina Vázquez estuvieron 14 años trabajando en España como rehabilitadores de pacientes con daño cerebral. Tras una estancia trabajando en Suiza, se dieron cuenta de que se podía hacer mucho más para ayudar a estas personas y que, en en nuestro país, todavía colea un poco el tema de la innovación. Por eso, decidieron abrir su centro.

Sin atender a milagros, es cierto que los pacientes celebran los grandes avances que han logrado. Es el caso de Emilio Brea, que ya mueve con soltura su lado izquierdo y ya no tiene paralizada la mitad de su cara. "Yo quiero incidir mucho en el papel de la familia, porque esto sin el ánimo de una persona que te aliente a recuperarte y que te obligue a levantarte del sofá es imposible", recalca.

Es usual que las personas que han sufrido un infarto cerebral, si no reciben la información adecuada (un 49% de los pacientes denuncia que no recibió información sobre el daño cerebral y sus secuelas detrás la hospitalización), se resignen a vivir con las secuelas del ictus, como denuncia Jessica Terán, presidenta de Rehabictus, una asociación sin ánimo de lucro dedicada también a la rehabilitación de pacientes con daño cerebral.

En su charla con este periódico recalca sobre todo el drama que viven los pacientes crónicos, personas que no mejoran y acaban desahuciados del sistema. "Son personas para las que se ha decidido que ya no hay más rehabilitación y ¿qué haces con ellas? ¿Dejarlas en casa delante de un televisor?".

Ese fue, precisamente, el caso de su suegra, aquejada de ataques isquémicos transitorios y con la que vivieron el drama de ver cómo las trabas del sistema y los problemas económicos les impedían lograr una mejor vida para ella.

De ahí, montar la fundación y comenzar a ayudar a personas en la misma situación que su familiar: "Tal vez, no logremos los mismos beneficios que la rehabilitación que tiene que hacerse en su momento, pero trabajamos en la calidad de vida, porque nadie tiene por qué resignarse a vivir la peor cara de la enfermedad", termina.


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