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Septiembre 2009

El Reino Unido estudia elevar la edad de jubilación a los 70 años

AGENCIAS. Londres
Fuente: El Diario de Navarra

El incremento de la esperanza de vida de millones de personas tras la jubilación obligará la creación de un plan nacional de ahorro como forma de hacer frente a las pensiones

El Reino Unido podría elevar a 70 años la edad de jubilación para cobrar una pensión del Estado, afirmó hoy David Norgrove, presidente del Regulador de Pensiones de este país. Actualmente, la edad de jubilación de los británicos se fija en 60 años para las mujeres y 65 para los hombres.

En 2005, una comisión gubernamental dirigida por Adair Turner, ex director general de la Confederación de la Industria Británica (CBI, patronal), recomendó aumentar de 65 a 68 años ese límite y crear un plan nacional de ahorro como forma de hacer frente a las pensiones.

Sin embargo, Norgrove declaró a la cadena pública BBC que la edad de jubilación podría aumentar hasta los 70 años debido al incremento de la esperanza de vida de millones de personas.

"La gente va a tener que trabajar más tiempo, debido en parte a que nosotros, como nación, no vamos a ahorrar tanto como en el pasado para la jubilación", explicó el responsable del regulador.

Norgrove advirtió también del "declive a largo plazo" de los generosos planes de pensiones privados de algunas empresas, que permite a los empleados con años de antigüedad cobrar pensiones acordes con los salarios percibidos al final de su vida laboral activa.

Esta misma semana, la consultora Lane Clarke & Peacock difundió datos que demuestran una significativa pérdida de valor en el último año de los planes de pensiones de las firmas que cotizan en el índice FTSE-100, el principal de la Bolsa de Valores de Londres.

Según la consultora, el déficit combinado de los planes de pensiones privados de esas empresas alcanza la cifra récord 96.000 millones de libras (112.320 millones de euros).

A ese respecto, Norgrove espera que el impacto de la crisis económica en los planes de pensiones empresariales sea "manejable", pues esos planes son un "asunto muy lento" y "no es como un sistema bancario, que puede colapsar de la noche a la mañana".

Hipoteca inversa: la vivienda, un capital al que recurrir en la vejez

Fuente: Consumer Eroski

Un nuevo producto financiero, la pensión hipotecaria, mejora el nivel de vida de los mayores sin que tras su fallecimiento los herederos pierdan forzosamente la vivienda

Los ancianos han dejado de ser casi invisibles para las entidades financieras, lo que se traduce en el lanzamiento de nuevos productos diseñados en exclusiva para ellos. Uno de los más atractivos es la pensión hipotecaria, que pone en primer plano económico en nuestro país a un amplio colectivo de personas que, aunque viven con lo justo y hacen cada mes milagros para estirar sus magras pensiones de jubilación, son titulares, además de una salud que se empeña en hacer frente al paso del tiempo, de un bien muy preciado en los tiempos que corren: una vivienda. Esta nueva modalidad de préstamo nace en un contexto muy concreto: aumento de la esperanza de vida, cambio en la estructura familiar tradicional, disminución del poder adquisitivo de los jubilados y, el elemento clave, la muy elevada proporción de propietarios de vivienda en España: en este caso, son mayoría los ancianos, sea cual sea su capacidad económica, que poseen un piso en propiedad. Un último condicionante a tener en cuenta: ninguna pensión de jubilación da para acceder a una residencia privada. Además, conseguir la admisión en una residencia pública, que supone costes más asumibles, es muy difícil debido a la escasez de plazas disponibles.

Las entidades financieras saben que el 92% de los más de 7,5 millones de personas mayores de 65 años de nuestro país posee una vivienda en propiedad. Y es a ellos a quienes se dirigen con un producto, la hipoteca inversa, cuyo éxito dependerá tanto de lo apremiantes que resulten las necesidades económicas a las personas mayores como de que éstas se emancipen de esa costumbre, transformada en imaginaria obligación, de dejar su vivienda en herencia a los hijos, y, también de que éstos acepten de buen grado la nueva coyuntura y entiendan sin recelos ni enfados que sus progenitores pueden utilizar su patrimonio para lo que consideren oportuno, particularmente si se trata de hacer frente a sus últimos años de vida con una mínima solvencia económica.
La propiedad no se pierde

Lo primero que debemos decir sobre la hipoteca inversa o pensión hipotecaria es que se trata de un préstamo un tanto particular: permite a una persona mayor recibir una cantidad mensual complementaria a su pensión, en un plazo de tiempo concreto (generalmente entre 10 y 20 años), a un interés fijo negociable -entre el 5% y 6%-, con su vivienda como garantía y con el consentimiento de los herederos como recomendación. De esta forma, se cobra una renta cuyo importe dependerá de la tasación del piso, de la edad del solicitante y de sus preferencias en la forma de recibir el dinero.

Esta alternativa a los planes de pensiones y seguros de vida no es nueva en nuestro país: bajo el nombre de seguro vivienda pensión, una persona ya jubilada con un piso en propiedad podía conseguir hasta hace poco una renta vitalicia, pero, a cambio, la vivienda pasaba a ser propiedad del banco- nunca de los herederos- cuando el titular fallecía. Precisamente por eso esta alternativa no tuvo éxito y su fracaso ha llevado a las entidades bancarias a diseñar una nueva oferta en la que la propiedad no tiene por qué cambiar de manos.

La principal diferencia respecto al antiguo modelo es que el titular de la hipoteca inversa no pierde la vivienda ni deja de ser su único propietario, y que este patrimonio pasa a sus herederos tras el fallecimiento de su dueño. En cuanto al uso que se dará a la cuota mensual que se obtiene mediante esta hipoteca, el titular decide: disponer simplemente de más dinero al mes y seguir viviendo en su propia casa, completar el coste de una residencia, comprarse otra vivienda, adaptar la que ya posee...

Opciones de los herederos

Cuando fallece el propietario de la vivienda sus herederos deben pagar la deuda contraída con el banco o caja.

Aunque sea un tema difícil de abordar, para contratar este tipo de préstamo se realiza un cálculo aproximado de la esperanza de vida del cliente. Si vive más tiempo del estimado, seguirá recibiendo la renta mensual, pero la cobrará a través del seguro de rentas vitalicias que se contrata -siempre que el titular lo desee- al mismo tiempo que la hipoteca inversa.

Fallecido el titular de la hipoteca inversa, sus herederos, una vez aprobada la herencia patrimonial, deberán hacer frente a la devolución de las cantidades que la persona mayor ha ido recibiendo. Sus opciones son:

- Quedarse con la vivienda: para ello pueden devolver con sus propios ahorros o mediante una nueva financiación la cantidad que sus progenitores o familiares han cobrado hasta su fallecimiento.

- Venderla: si no desean quedarse con la vivienda, lo habitual es que se venda y se abone la deuda contraída por los titulares de la hipoteca inversa con el banco.

Seguro de Rentas Vitalicias

¿Es obligatorio contratarlo? No. En principio se puede formalizar una hipoteca inversa sin contratar esta póliza, que tiene como finalidad asegurar que el cliente cobre mensualmente la renta de por vida.

¿Es aconsejable? Sí. Todas las entidades bancarias que ofertan la hipoteca inversa coinciden e insisten en que los clientes se acojan a este seguro.

¿Qué pasa si el titular fallece antes de que venza el plazo fijado en el contrato de la hipoteca inversa? Si se ha contratado el seguro de rentas vitalicias y el titular muere, por ejemplo, a los cinco años de haber firmado la hipoteca inversa (cuyo plazo era de 15), los herederos recibirán la parte proporcional de la prima que en su día esta persona mayor pagó. Esta parte la calcula el banco, de acuerdo a la renta recibida por el titular y al plazo fijado.

Si no se ha contratado el seguro de rentas vitalicias y el titular fallece antes de que venza el plazo de la hipoteca inversa, los herederos únicamente tendrán que hacer frente a la deuda contraída con el banco, en función del número de años que el titular se haya beneficiado de la renta. En este caso se han ahorrado el gasto más importante que acarrea este tipo de hipoteca sin ninguna consecuencia negativa.

¿Y si se muere después? Si una persona con 70 años contrata una hipoteca por 15 años con un seguro de rentas vitalicias y vive hasta los 92 años, este seguro le permitirá seguir cobrando la misma renta mensual a partir de los 85 años, aunque la hipoteca haya vencido y puede seguir viviendo en su propio piso.

Ahora bien, esta misma persona que sobrevive al plazo contratado de la hipoteca inversa, pero que no ha contratado el seguro de rentas vitalicias, se encuentra con la siguiente realidad: ha superado la barrera de los 85 años, le suprimen la renta que durante 15 años ha recibido mensualmente y se ve en la obligación de hacer frente a una deuda con el banco. Para saldar esta deuda tendrá que vender el piso o encontrar recursos financieros por otras vías o, en última instancia, la vivienda pasaría a ser propiedad de la entidad financiera.

Ventajas. La principal ventaja de contratar este seguro, asociado a la hipoteca inversa, es que se garantiza que el titular de esta pensión hipotecaria cobre de por vida una renta, independientemente de que haya superado el plazo establecido en la hipoteca.

Inconvenientes. El gran inconveniente es el elevado precio que una persona ya muy mayor debe desembolsar al contratar la hipoteca inversa. El pago por este seguro depende de la edad, el sexo y la esperanza de vida. A igual edad, las mujeres pagan más prima por el seguro que los hombres debido a su mayor media de esperanza de vida. Del mismo modo, su renta vitalicia mensual será algo menor que la del hombre (siempre si comparamos dos individuos que contratan este seguro a una misma edad). El gasto de formalización del seguro de rentas vitalicias puede alcanzar el 6% del valor de tasación del piso.

¿Cómo contratarlo? A través de la entidad bancaria con la que se formaliza la hipoteca inversa.

Modalidades de contratación

El seguro de rentas vitalicias puede alcanzar el 6% del valor de tasación del piso

El reducido mercado financiero que por el momento oferta este producto se limita a Caixa Terrassa, Ibercaja, Caja Navarra, BBVA, Caixa Sabadell, Caixa Galicia y Caja de Ahorros Inmaculada (CAI). Los préstamos que ofrecen se clasifican en función de los plazos de vencimiento, que también condicionan la cantidad de la renta:

- Limitado: si se acuerda firmar una hipoteca inversa por un periodo de tiempo limitado, por ejemplo, entre 10 años y 15 años, la renta mensual será mayor, aunque dejará de ser abonada cuando el periodo estipulado haya vencido.

- Vitalicio: la mensualidad que se recibe es menor, pero la renta se seguirá recibiendo mientras el titular de la hipoteca viva.

Los costes iniciales del producto: problema serio

El elevado coste de la hipoteca inversa -intereses elevados y desembolsos considerables en comisiones, impuestos y seguros- representa un gran freno para sus potenciales clientes. No obstante, el Gobierno tiene previsto paliar estas dificultades con la introducción de incentivos fiscales que hagan más atractiva su contratación.

- Comisión. La hipoteca inversa, al igual que la hipoteca directa, tiene una comisión de apertura, normalmente negociable (incluso hay entidades que prescinden de ella).

- Gastos de notaría, de registro y de gestoría. Corren por cuenta de la persona que solicita el crédito. La cantidad dependerá de las tasas de la propia notaría, así como del importe del préstamo concedido.

- Tasación. La determinación de la cantidad que el banco concederá depende de la tasación de la vivienda, que se realiza mediante profesionales contratados por la entidad bancaria. Este informe implica unos gastos que deberá pagar el cliente.

- Impuesto de Actos Jurídicos Documentados por transmisión de vivienda. Este tributo grava las transmisiones patrimoniales, como la firma de préstamos hipotecarios o los contratos de arrendamiento. En ningún caso la empresa financiera pagará este impuesto, que puede alcanzar el 1% del valor hipotecado.

- Seguro de renta vitalicia. La hipoteca inversa recomienda a su titular la suscripción de un seguro de rentas vitalicias, aunque hay que tener en cuenta que no es un requisito obligatorio. Consumido el crédito hipotecario, la renta mensual se abonará mediante este seguro, que es el principal gasto de las hipotecas inversas.

Ejemplo práctico

Una mujer de 75 años de edad que cuenta con una pensión de 700 euros mensuales y posee una vivienda tasada en 300.000 euros puede conseguir una hipoteca inversa con una renta de 580 euros mensuales durante 15 años.

Eso sí, tendrá que hacer frente a los elevados gastos de esta hipoteca inversa: 25.700 euros. ¿De dónde salen estos gastos? Veamos en qué se divide:

- Seguros de Rentas Vitalicias: 21.000 euros.
- Notaría: 1.150.
- Registro: 200.
- Gestión: 150.
- Impuesto de Actos Jurídicos Documentados: 3.200 euros.

Si esta mujer, titular de la hipoteca inversa, no tiene dinero para hacer frente a estos enormes gastos, o prefiere utilizar este dinero para otros fines, puede cargarlos a la hipoteca, aunque debe ser consciente de que la renta mensual que obtenga será menor.

Aspectos a tener en cuenta

Consenso familiar.
Las entidades bancarias recomiendan que la decisión de contratar una hipoteca inversa sea compartida por las personas mayores y sus hijos o familiares más directos. Incluso aconsejan que algún familiar acuda a la formalización del contrato. Sin embargo, no es un requisito obligatorio para hacerlo efectivo.

Edad. Pueden ser titulares de una hipoteca inversa las personas que hayan cumplido 70 años. La edad límite para acceder a este tipo de préstamo son los 90 años. No obstante, los bancos y cajas de ahorro que ofertan este producto no cierran las puertas a los interesados que tengan entre 65 y 69 años, aunque les advierten de las bajas mensualidades que percibirán, dada su mayor esperanza de vida.

Plazo. Conviene determinar antes de la firma del crédito si se opta por la modalidad de hipoteca vitalicia o limitada en el tiempo. De esta decisión dependerá la cantidad -mayor o menor- que el titular recibirá mensualmente.

Sexo. En principio, para un inmueble del mismo valor y titulares con la misma edad, las mujeres cobrarían una renta mensual menor que los hombres, puesto que su esperanza de vida es mayor y, por tanto, también la posibilidad de que estén cobrando más tiempo.


Estado civil. A las parejas que viven juntas sin estar casadas, las entidades les aconsejan que contraten la hipoteca inversa a nombre de los dos para evitar posibles malentendidos y confusiones.

Régimen. La vivienda debe estar libre de cargas, en régimen de propiedad, y a nombre del titular o cónyuge que figurará en el contrato de la hipoteca inversa.

Aval. El único aval que se reclama es demostrar que efectivamente es el propietario del piso. A diferencia de otros créditos, en éste no se necesita disponer de unos ingresos mínimos porque la entidad bancaria entiende que no hay ningún riesgo al actuar la vivienda como garantía.

Propiedad. Con independencia del dinero que reciban mensualmente del banco, el piso siempre pertenecerá a los dueños o a sus herederos. Sin embargo, la entidad financiera tendrá en su poder la garantía de la vivienda hipotecada para que, en caso de fallecimiento, pueda recaudar el dinero prestado.

Fiscalidad. Es importante tener en cuenta que el producto está muy incentivado fiscalmente. No hay que declarar la renta mensual en el IRPF hasta después de los 90 años y el crédito consumido deduce del valor de la vivienda en los impuestos de Patrimonio y Sucesiones.

Formas de pago. Si los titulares no disponen de liquidez suficiente en el momento de hacer frente a los gastos derivados de esta hipoteca, las entidades permiten que se cargue a la hipoteca. Eso sí, al hacerlo de este modo la cuota que se cobra al mes sería menor.

Abuelas y abuelos cuidadores: implicaciones psicológicas y educativas.

FUENTE: INTERPSIQUIS. 2006; (2006)
Carme Triadó; Feliciano Villar; Carme Solé; Montserrat Celdrán; J. Lluís Conde.
GIG(Grupo de Investigación en Gerontología) Universidad de Barcelona, España

Investigación financiada por el Ministerio de Educación y Ciencia. Ref. SEJ2005-04154

Resumen

Cada vez es más frecuente que abuelos y abuelas se impliquen en ciertas tareas regulares de cuidado de sus nietos/as, ya sea en forma de cuidadores auxiliares, siendo un importante recurso que permite conciliar la vida laboral y familiar de sus hijos, o bien como cuidadores primarios, cuando sus hijos, por alguna razón, no pueden hacerse cargo de esos nietos/as. Los estudios realizados hasta la fecha muestran que los abuelos y abuelas identificados como cuidadores auxiliares suelen sentirse satisfechos de poder aportar cuidados y sienten que cuidar a los nietos es una tarea con un sentido positivo, siendo los que menos sentimientos conflictivos tienen. Sin embargo el cuidado de los nietos también puede generar consecuencias negativas. Concretamente los cuidadores primarios no sólo muestran una alteración significativa de la actividad cotidiana, reduciendo especialmente el tiempo que dedican al ocio y a sí mismos, sino que también suelen mostrar niveles mayores de depresión y estrés psicológico, una peor evaluación de la relación con su nieto/a, menores niveles de bienestar subjetivo y altos niveles de problemas de salud. El trabajo tiene como objetivo presentar el estado de la cuestión a partir de las investigaciones realizadas, comentar las líneas generales de un proyecto de investigación llevado a cabo por los miembros del GIG (Grupo de Investigación en Gerontología de la Universidad de Barcelona) y sugerir posibles vías de intervención y prevención de los aspectos negativos en la relación de cuidados abuelos-nietos.

Introducción

Es sobradamente conocido que la configuración de la familia en los países desarrollados ha venido cambiando de forma notable en las últimas décadas. Parte de este cambio se recoge en lo que autores como Knipscheer (1988) han etiquetado como ‘verticalización de la familia’: por una parte cada generación dentro de la familia tiene menos miembros, resultado del descenso en la tasa de natalidad, y por otra aumenta la probabilidad de coincidencia de múltiples generaciones dentro de una misma familia como consecuencia del aumento en la esperanza de vida. En este contexto, las relaciones intergeneracionales y los vínculos que los abuelos/as establecen con sus nietos/as son temas que adquieren una indudable importancia. El aumento de los mayores de 65 años proporciona la oportunidad para una mayor presencia y participación de los abuelos y abuelas en las decisiones y responsabilidades del sistema familiar. Las consecuencias de estos cambios sociodemográficos se pueden apreciar en diversos aspectos de las relaciones familiares, en particular en el incremento en la duración de las relaciones intergeneracionales y el número de abuelos y abuelas que ven a sus nietos alcanzar la adolescencia, la juventud e incluso la edad adulta. Igualmente, la existencia de relaciones de larga duración entre los abuelos y nietos, así como su incorporación activa en tareas como el cuidado de los nietos (Tobío y Fernández-Cordón, 1999) son cambios que indican la relevancia cada vez mayor de la figura del abuelo en el sistema familiar.

Para dar una idea la importancia de esta relación, según los datos proporcionados por el ‘Informe 2000: Las personas mayores en España’ (Sancho, 2000), aproximadamente ocho de cada diez personas mayores tienen nietos, viéndolos en general con mucha frecuencia. El 61% de los mayores tienen contactos con nietos al menos varias veces al mes, y el 52% habla con ellos por teléfono con esa frecuencia, además de que el grado de satisfacción de las relaciones es muy elevado puesto que el 95% se considera muy o bastante satisfechos.

Por todo ello, no es de extrañar que, desde hace ya varias décadas, no sólo se reconozca la relevancia de la relación sino también su importancia en el desarrollo psicológico y social de ambos. Paralelamente, el estudio de los abuelos/as y su papel en la familia ha experimentado un notable crecimiento desde diferentes perspectivas científicas.

Investigaciones sobre las relaciones abuelos – nietos

Un primer núcleo de investigación sobre las relaciones entre abuelos/as y nietos/as pretende esclarecer el rol del abuelo/a en la familia, intentando establecer perfiles que recojan las diferentes formas de ser abuelo/a. Por ejemplo, en los años 60, Neugarten y Weinstein establecen una tipología de los diferentes estilos de ejercer de abuelo. Algunos de estos estudios, ya clásicos, son los de Robertson (1977), Cherlin y Furstenberg (1985) o Roberto y Stroes (1992). Nosotros mismos (Triadó y Villar, 2000) hemos realizado un estudio abordando el significado de los diferentes roles que los abuelos desempeñan en la familia.

En términos similares, otros autores inciden en la influencia de los abuelos/as en el desarrollo social y personal del resto de miembros de la familia, y en especial de los nietos/as. A pesar de ello, los resultados obtenidos hasta el momento indican que los abuelos/as no tienen sobre los nietos/as el mismo control que tiene la generación de los padres. Un ejemplo de esto, es la norma de no interferencia: parece que los abuelos/as tienden a no entrometerse en la manera de educar a los nietos/as (Cherlin y Furstenberg, 1985). Así, los estudios realizados hasta el momento (llevados a cabo en su gran mayoría en Estados Unidos), sugieren que el tipo de relación preferida por la mayoría de abuelos/as está caracterizada por un contacto frecuente y regular con sus nietos/as, que permite ofrecerles ayuda y consejo o, incluso, cuidados ocasionales pero que, en cualquier caso, mantiene la independencia y libertad de los abuelos/as y un nivel limitado de responsabilidad respecto a sus nietos/as.

Por otra parte, también se ha intentado examinar qué variables influyen en la calidad y tipo de relación entre abuelos y nietos. Aunque no todos los estudios coinciden (Thomas, 1986), la mayor parte indican que el género es un aspecto fundamental en la definición del rol de los abuelos y el tipo de relación que mantienen con sus nietos. Esta importancia se extiende en tres sentidos:

- Abuelos y abuelas tienen una relación distinta con sus nietos/as y tienden a desempeñar papeles diferentes con sus nietos/as (Thomas, 1989; Roberto y Stroes, 1992).

La desigual manera en que se ejercen los roles es un reflejo de la socialización diferencial tradicional en la que las relaciones instrumentales y distantes corresponden a lo masculino y las nutrientes, de comunicación y vinculación, se atribuyen a lo femenino. En concreto, es ampliamente reconocido que las abuelas son más activas y se implican más emocionalmente con sus nietos. Cuando existe un componente de cuidado en esta relación, es asumido principalmente por las abuelas, y no por los abuelos. Estos resultados son coherentes con el significado que se otorga a las relaciones familiares que, en el caso de las mujeres, tradicionalmente ha supuesto un aspecto central a lo largo de toda su vida (Roberto, Allen y Blieszner, 1999).

- La relación que se establece con los nietos no es exactamente la misma que la que tiende a establecerse con las nietas. Las actividades compartidas y el grado de intensidad emocional de la relación (mayor con ellas que con ellos) son diferentes. (Eisenberg, 1988; Kennedy, 1990)

- Las relaciones entre abuelos/as y nietos/as tienden a ser matrilineales. Es decir, la frecuencia de la relación y la intensidad del vínculo tiende a ser mayor entre los abuelos/as y los nietos/as de la línea materna, no de la paterna (Kivett, 1996; Chan y Elder, 2000).

- Las relaciones entre los abuelos/as y la generación intermedia influyen en la relación que los/las abuelos/as mantienen con sus nietos/as: a mejor relación con los hijos e hijas, mejor y más estrecha relación con los nietos/a (Chan y Elder, 2000).

En España, aunque escasos, los estudios realizados sobre la relación abuelos-nietos se han centrado en la percepción de las abuelas (Benlloch y Berjano, 1994; Benlloch, Calatayud, Llopis, Pinazo y Berjano, 1994), o de las abuelas y los abuelos (Triadó y Villar, 2000), la percepción de los nietos durante la infancia (Rico, 2000; Rico, Serra y Viguer, 2001), y pocos han estudiado a los nietos durante la adolescencia (Triadó, Martínez y Villar, 1999), la juventud (Pinazo, 2001; Pinazo y Montoro, 2004) o la adultez.

Los abuelos cuidadores: auxiliares y primarios

Un ámbito importante de estudio se refiere a la investigación de los abuelos/as que asumen cuidados extensos y regulares de sus nietos/as. En este sentido, los estudios que tratan de establecer un perfil de estos abuelos/as cuidadores han puesto de manifiesto, una vez más, que el género es un aspecto importante para entender el fenómeno (Fuller-Thomson y Minkler, 2001). Por una parte, las madres, figuras que tradicionalmente se han ocupado de las tareas de crianza de los hijos, se han incorporado masivamente en las últimas décadas a entornos laborales fuera del hogar. Esto ha provocado que sean necesarios cada vez con mayor frecuencia nuevos recursos y figuras que puedan llegar allí donde el trabajo no permite llegar a los padres y, sobre todo, a las madres. En este contexto, el papel del abuelo/a como recurso al que acudir para el cuidado de los nietos/as es cada vez más frecuente (ver, por ejemplo, los datos que aportan Pebley y Rudkin, 1999 sobre la prevalencia del fenómeno en Estados Unidos) o los de Fuller-Thompson, Minkler y Driver (1997) o Casper y Bryson (1998). En estos casos, es bien sabido también cómo la mayoría de tareas de cuidado de los nietos/as recaen principalmente sobre las abuelas.

El Census 2000, publicado por el U.S. Census Bureau, informa por primera vez de cuestiones relacionadas con el cuidado realizado por los abuelos en EE.UU. (Grandparents living with grandchildren). Aunque las cifras no son extrapolables a la situación española, puede servirnos de indicador el conocer que el 3.6% (5.8 millones) de los hogares americanos están compuestos por abuelos co-residentes con nietos menores de 18 años; y de entre ellos, el 42% (2.4 millones) son a su vez, ‘abuelos cuidadores’ (definidos como personas que tienen la responsabilidad principal del cuidado del nieto/a con el que conviven). Además, el Census 2000 muestra que, como media, el 19% de los abuelos cuidadores tienen ingresos por debajo del nivel de pobreza.

El trabajo de Casper y Bryson (1998) muestra el incremento del número de hogares encabezados por un abuelo/a o por ambos desde 1990 hasta 1997. En 1997 eran 3.7 millones de abuelos/as los ‘cabeza de familia’ en hogares con nietos menores de 18 años, la mayor parte de los cuales eran abuelas (abuelas: 2.3 millones frente a abuelos: 1.4 millones).

Este papel de cuidador que asumen muchos abuelos y, sobre todo, las abuelas se puede dar en circunstancias y con intensidades diferentes. Así, podemos imaginar un continuo de cuidados: en un extremo se situarían aquellas abuelas y abuelos que ejercen como cuidadores auxiliares, ocupando relativamente poco tiempo En el otro extremo encontraríamos aquellos abuelos y abuelas que tienen a su cargo de manera continua a sus nietos, ejerciendo un papel paternal substituto, ocupando esos cuidados gran cantidad de tiempo y esfuerzo (Pinazo y Ferrero, 2004).


Obviamente, las implicaciones de cada una de estas situaciones y sus efectos para la salud y el bienestar de las abuelas pueden ser muy diferentes. En la primera situación (cuidados auxiliares), los abuelos/as son una figura a expensas de la cual las familias consiguen la conciliación entre el cuidado de la familia y la vida laboral, actuando como un recurso social indispensable para proporcionar cuidados a sus nietos/as. Son las abuelas, concretamente, la principal estrategia para que las mujeres puedan compatibilizar el trabajo y la familia (Tobío, Fernández-Cordón y Agulló, 1998). Estos cuidados, en la mayoría de casos complementarios a los que proporcionan los padres, pueden ser de intensidad muy variable (generalmente llevar o ir a buscar al nieto/a a la escuela, darle de comer, pasar con el/ella unas horas al día) pero, en cualquier caso, podrían contribuir a estrechar el vínculo emocional entre las abuelas y sus nietos.

Algunos datos sugieren que esta situación de ayuda es muy frecuente. Por ejemplo, según el estudio 2072 del CIS-IMSERSO (IMSERSO, 1995), entre los mayores de 65 años con hijos, el 35% les presta algún tipo de ayuda en tareas domésticas o en el cuidado de los nietos. La mitad de los mayores desempeñan un rol asistencial activo si se encuentran en circunstancias personales (capacidad) o situacionales (cercanía o convivencia) apropiadas para ello. Por ejemplo, entre los que declaran valerse por sí mismos, tener hijos y salud buena o regular, ayudan a sus hijos o nietos entre el 35-40%. Obviamente, la tasa de colaboradores en las tareas domésticas de sus hijos o en el cuidado de los nietos es más alta cuando la persona mayor convive con ellos bajo el mismo techo (44%) que en otras circunstancias. Pero incluso cuando la persona mayor vive sola, es frecuente que ayude a sus hijos o nietos (26%). La ayuda intergeneracional focalizada en el cuidado de los nietos y en tareas domésticas se da en mayor proporción entre mujeres (40%) que entre hombres (29%).

Con respecto al tipo de ayuda suministrada a los nietos, ocupan el primer puesto las tareas de cuidado. Poco más de uno de cada diez realiza cuidados habituales diarios como dar de comer a los nietos o acompañarlos al ir o volver del colegio

Muchas abuelas se sienten satisfechas de poder aportar cuidados y sienten que, además de aportar su ayuda a la familia, cuidar a los nietos es una tarea en la que encuentran significado y son las que menos sentimientos conflictivos tienen. Además de esta faceta positiva, los cuidados también podrían llegar a generar consecuencias negativas en el cuidador, al que algunos autores (Guijarro, 2001) han buscado incluso una denominación propia, el ‘síndrome de la abuela esclava’, caracterizado básicamente por síntomas característicos de las situaciones de estrés. Aunque este supuesto síndrome ha tenido un relativo eco en los medios de comunicación, apenas disponemos de investigaciones sobre los efectos de los cuidados auxiliares en los abuelos y abuelas que los proporcionan. Las pocas investigaciones realizadas, provenientes de ámbitos anglosajones, parecen indicar que las consecuencias negativas para la salud física y psicológica de estos cuidados auxiliares son muy limitadas (Bowers y Myers, 1999; Musil, 2000).

Mucho más estudiada es la segunda de las situaciones, en la que los abuelos (y sobre todo las abuelas) ejercen como cuidadores primarios de los nietos. La asunción de responsabilidades parentales por parte de los abuelos y abuelas generalmente no es fruto de una decisión personal, sino consecuencia de ciertas circunstancias en las que se ven inmersos y que suelen implicar algún tipo de problemática psicosocial o personal, temporal o no, que afecta a los padres. Así, ciertas situaciones como el divorcio, los embarazos adolescentes o la incapacidad de los padres para cuidar de sus hijos (debido, a por ejemplo problemas de drogadicción, encarcelación, muerte o enfermedad mental) podrían precipitar esta implicación del abuelo/a como cuidador principal (Apfel y Seitz, 1991; Minker y Roe, 1993). Estas generalmente difíciles circunstancias se suman, además, a la carga de los cuidados que ha de proporcionar el abuelo o abuela.

Abuelos cuidadores primarios y sobrecarga

En comparación con los abuelos/as con una menor implicación, los cuidadores primarios no sólo muestran una alteración significativa de la actividad cotidiana, reduciendo especialmente el tiempo que dedican al ocio y a sí mismos, sino que también suelen mostrar niveles mayores de depresión (Minkler y cols, 1997; Szinovacz y cols, 1999; Solomon y Marx, 2000) y estrés psicológico (Sands y Goldberg-Glen, 2000; Pruchno y Mckenney, 2002).

Adicionalmente, algunos estudios encuentran también que los abuelos/as cuidadores primarios presentan una peor evaluación de la relación con su nieto/a y menores niveles de bienestar subjetivo (Shore y Hayslip, 1994), aunque en este último aspecto no todos los estudios coinciden (Pruchno y McKenney, 2002; Goldman y Silverstein, 2002).

De manera similar, y al igual que pasaba con los abuelos que ejercen de cuidadores auxiliares, las consecuencias para la salud física del cuidador, no están tan claras. Si bien algunos autores (por ejemplo, Whitley, Kelley y Sipe, 2001) señalan cómo una muestra de abuelos cuidadores primarios mostraba unos comparativamente altos niveles de problemas de salud y comportamientos de riesgo, otros, como Crowter y Rodríguez (2003) no encontraron diferencias.

De acuerdo con las teorías del estrés (que autores como Sands y Goldber-Glen, 2000, aplican a la situación de los abuelos/as cuidadores), estas consecuencias de los cuidados no dependen únicamente de la intensidad e implicación del abuelo o abuela en los cuidados de su nieto/a, sino también de la evaluación subjetiva (appraisal) que los abuelos/as hacen de esos cuidados (por ejemplo, el nivel de dificultad percibida) y de los recursos con los que se cuentan para afrontarlos, ya sean estos recursos tanto genéricos (por ejemplo, el nivel sociocultural de los abuelos, nivel económico, etc.) como específicos (apoyos con los que se cuenta para realizar las tareas de cuidado, estrategias de afrontamiento, etc.) de los que dispone. Estudios como los de Bowers y Myers (1998), o Pruchno y Mckenney (2002) estudian los efectos de algunas de estas variables.

Por último, la literatura disponible también ha destacado el papel mediador en esta relación entre cuidados y consecuencias de dos factores adicionales. Bowers y Myers (1999) realizaron una investigación con 23 abuelas que proporcionaban el cuidado de jornada completa para un nieto/a, 33 que proporcionaban el cuidado de media jornada, y 45 que visitaban a un nieto/a con regularidad pero no tenían ninguna responsabilidad del cuidado. Los resultados mostraron que los problemas de conducta del nieto/a provocaba el mayor impacto sobre la abuela, aumentando sus sentimientos de carga y educación acentuando y disminuyendo su satisfacción en su función como abuela. Además abuelas de cuidado a tiempo completo experimentaban más carga y la tensión de educación y menos satisfacción en su vida que abuelas de cuidado a media jornada. Las abuelas de cuidado a jornada completa también relataron menos satisfacción de vida que otras abuelas en el estudio. También ciertos aspectos del clima familiar, especialmente cuando este clima se caracteriza por una falta de comunicación y de cohesión, tienden a agudizar las consecuencias negativas (Kalil y cols, 1998; Caldwell, Antonucci y Jackson, 1998; Sands y Goldberg-Glen, 2000).

En cualquier caso, al analizar el impacto de los cuidados primarios impartidos por los abuelos y abuelas, la literatura publicada hasta el momento ha tendido a enfatizar los problemas y las tensiones provocadas por esta situación, citando entre otra la incidencia de depresión, alta presión sanguínea e insomnio, también se constata que los abuelos/as que cuidan a sus nietos/as tienen más probabilidades de presentar una salud física y mental inferior a aquellos que no lo hacen. (Parker-Pope, 2005). Sin embargo también los estudios encuentran posibles beneficios que se pueden derivar del cuidado.

Así, por ejemplo, incluso en casos de cuidadores principales de nietos/as con problemas, sentimientos positivos derivados del hecho de ‘ser necesitado’ o de ‘tener una razón que da sentido a mi vida’ (Jendrek, 1993, p. 614) pueden también ser importantes. Así, podría ser concebible que la implicación en tareas de cuidado tuviese ciertas consecuencias negativas por un lado (aumento del estrés psicológico, mayor frecuencia de estados afectivos negativos, etc.) y, al mismo tiempo, aumentase la satisfacción con los cuidados (Pruchno y Mckenney, 2002). Estas consecuencias positivas de los cuidados podrían ser mucho mayores cuando se trata de cuidados auxiliares, no primarios.

Proyecto de investigación actual

Actualmente estamos iniciando una investigación sobre “Abuelos/as cuidadores: Tareas de cuidado, necesidades y consecuencias para la salud y el bienestar psicológico”. El estudio se lleva a cabo con 200 abuelas/os cuidadores, tanto auxiliares como principales.

En este momento se realiza la fase piloto con entrevistas a 10 abuelos /as cuidadores en diferentes situaciones de cuidado, así como el diseño y validación en nuestro contexto, en concreto de dos instrumentos psicométricos: uno para evaluar el estrés del cuidador/a y otro para evaluar la satisfacción con los cuidados.

Nuestro proyecto pretende dar respuesta a los siguientes aspectos:

- El género es una variable fundamental en las tareas de cuidado. Las abuelas asumirán generalmente más tareas y, por ello, serán más susceptibles de mostrar sus consecuencias.

- Aspectos como la valoración subjetiva de los cuidados, los recursos disponibles, además de variables mediadoras como el clima familiar, la relación con la generación intermedia y la problemática conductual del nieto/a pueden influir en las consecuencias de la situación de cuidado.

- Necesitamos disponer de instrumentos psicométricos en nuestro idioma, adaptados y validados en nuestro contexto para valorar el estrés y satisfacción con los cuidados.

- Las consecuencias de los cuidados regulares a los nietos/as no únicamente han de ser negativas: también pueden implicar consecuencias positivas que es necesario estudiar.

- La situación de cuidados genera necesidades. Es importante conocer la percepción de los propios abuelos/as cuidadores de esas necesidades para generar directrices de intervención relevantes.

La investigación sobre los abuelos/as que asumen cuidados extensos y regulares de sus nietos, bien como cuidadores auxiliares o bien como cuidadores substitutos, permitirá realizar un análisis exhaustivo del papel de los/las abuelos/as como recurso imprescindible de provisión de apoyo social informal para posibilitar la conciliación de la vida familiar y laboral

- Este análisis de la situación (con sus necesidades, demandas y consecuencias) permitirá establecer líneas para la actuación desde los servicios de apoyo social formal.

- La identificación pormenorizada de dichas necesidades, demandas y consecuencias del cuidado, facilitará la intervención en prevención primaria y secundaria, en población general y en población específica (de alto riesgo).

- A su vez, las conclusiones del estudio, ayudarán a orientar a los profesionales de Servicios Sociales en la implementación de recursos.

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